
Como consecuencia de los desajustes sociales en diversas latitudes, el mejor pensamiento de la edad moderna está, de hecho, fracturado.(1)
La civilización tecnológica y científica de la llamada post modernidad no tiene otra alternativa que retomar y recrear la mejor tradición humanista de la edad moderna y oponérsela a los peores instintos egoístas que subsisten en la conciencia y subconciencia humana.(1)
Las tendencias internacionales actuales se caracterizan por una serie de procesos concurrentes no exentos de contradicciones tales como: la democratización que se refiere (al progreso firme de las fuerzas democráticas), la globalización (interdependencia creciente a escala mundial, regionalización (los estados forman grupos para facilitar el comercio y la integración económica como medio de reforzar su competitividad), la polarización ( distanciamiento entre países ricos y pobres), la marginalización ( aislamiento internacional de una gran cantidad de países) y la fragmentación ( desacuerdo social y cultural ante naciones). En este sentido, “el denominador común” que surge en las Cumbres Mundiales es que las sociedades en su conjunto deben establecer acuerdos nacionales que conduzcan a un desarrollo humano sustentable. Este gran desafio se enfrenta mediante el desarrollo de los recursos humanos de manera tal que “el impacto del desarrollo tecnológico” especialmente en la información y las comunicaciones es tal que según la UNESCO, todos los países independientemente de su desarrollo industrial tienen que utilizar normas y equipos mundialmente aceptados. Esto no solo se aprecia en el “hardware” si no también en las estructuras organizativas y al factor humano. Lo cual depende de la educación o está relacionado con ella y especialmente con el nivel técnico y superior.(2)
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